La gente que me conoce lo sabe. Soy quejica, por todo, es mi manera de comentar lo que me gusta y lo que no. Sin embargo, lo peor es cuando no me quejo, cuando no abro la boca y me quedo todo dentro.
Lo peor es cuando te despiertas de madrugada con presentimientos, inquietudes, con la sensación de que hay algo que no va bien. Y ya de mañana esa sensación te sigue acompañando todo el día.
No sabría decir lo que es, pero sé que hay algo. Y puede ser que nunca llegue a saberlo, puede ser que nada en mi día a día haga patenta la razón de esta desazón. Pero hay algo, y lo siento, lo sé.
Algo en mi pequeño mundo está a punto de desmoronarse, y lo peor es que sólo soy consciente de ello a medias...
Esta mañana he desayunado frente al ordenador. He abierto la cuenta de correo del blog y me he apresurado a encontrar la carpeta que lleva tu nombre y guarda secretos que son sólo tuyos y mios. Y ésta fue una de las frases en un correo que hoy, porque sí, ha dejado una huella en mi cabeza.
Supongo que sí, que todo es un milagro, no algo perfecto, pero con nombres y apellido, con letras, con sentimientos, con "notequieroquerer", con "no te asustes"... Recuerdo todo aquello y sonrío como una tonta. Porque ahora leo todas aquellas palabras y lo hago de una forma totalmente diferente, desde el conocimiento, desde este saberme protagonista de la historia, desde el conocimiento que me han ido dando los días, los labios... Y leo sobre mis miedos por aquel entonces, y creo que siguen siendo lo mismo, aunque transplantados de un lado a otro. Porque lo que nos unió nos sigue separando. Porque aunque a veces no te lo diga, las malas noticias duelén y arrancan lágrimas, por mucho que yo intente tirar de mi teoría de "si no lo nombras no existe". Porque lo hace y, aunque tú tampoco le des voz, sé que a ti posiblemente te duela más que a mí.
Y sigo soñando con esa ida sin vuelta, con esas tardes de domingo aburridas, de poder quejarnos juntos de que "no echan nada en la tele", de poder pasear por los lugares de siempre, por los caminos que nuestros pies ya se saben de memoria pero que nunca son los mismos, aunque yo siempre tenga sed. Sigo soñando con ese milagro, consciente de que siempre habrá miedos, pero también sueños que pesen más en la balanza.
Y como las desgracias nunca vienen solas, no será lo único que salga mal...
Si se junta con una crisis existencial por el dichoso cumpleaños y se mete todo en una coctelera, bomba de relojería...
Y además siempre habrá alguien que te diga que todas tus preocupaciones son tonterías para intentar animarte y conseguirá que te sientas más gilipollas de lo que ya te sentías...
Se acerca mi cumpleaños. Llega el otoño, caen las hojas y a mí lo que me caen son 29 tacos. Y, ¿sabeis qué? Que no lo llevo nada bien. No me preocupa envejecer físicamente, supongo que algún día tendrá que pasar (sí, cierto, me pongo como una loca cada vez que me descubro una cana, vale...), pero empiezo a entender la pregunta maliciosa que se suele hacer en los cumpleaños "¿Qué? ¿Ya pesan?" Pues sí, lo suyo...
Parece ser que la sensación que tengo es bastante normal, así que esta vez mis paranoias no se deben a que sea un bicho raro o a que me haya puesto a pensar más de la cuenta. Creo que esta vez se le llama "crisis". O eso me cuentan las compañeras que han pasado por ello.
Tengo la sensación de estar estancada, de que mi vida no ha cambiado nadita desde que dejé la facultad, y ya son años... Tengo la impresión de no haber hecho, de no haber conseguido nada en estos años, como si no evolucionara hacia ninguna parte. Y sí, me agobia. Veo a la gente a mi alrededor, con sus vidas encaminadas hacia algún lado... Y yo me siento perdida, porque no sé hacia dónde voy, porque sigo sintiéndome niña y la realidad me dice que se esperan otras cosas de mí. Y yo también las espero.
No estoy al borde del supermegahiperultrabajón, más que nada porque he decidido no agobiarme ni perder la sonrisa por nada. Si hay que llorar, lloraré, pero poquito, lo justo para soltar el nudo y recuperar las ganas de volver a la carga. Aún así, creo que empiezo a preferir obviar mi cumple, siento que este año no hay demasiado que celebrar, al menos no los años.
Sin más. Sin previo aviso. Vuelvo a sentir ese nudo que va subiendo desde mi estómago. Y me pregunto durante cuanto tiempo seré capaz de dominarlo o si acabaré llorando delante de un montón de desconocidos que me miran atónitos. Y es que me he dado cuenta de que mi mecanismo de sonreir es como un resorte. Me miran y sonrío, aún sin ganas, como si no tuviera nada más que decir. Tal vez a veces no lo tenga.
Quiero gritar, gritar sentimientos que se escuchen sin palabras porque, tal vez así, sea más fácil entenderlos. O no. A veces pienso que soy un bicho raro de otro planeta y que, el día que dejé dar rienda suelta a mis fantasías, podría haberlo dedicado a otros asuntos.
Porque me disfrazo de princesa y sólo soy un espejismo, una sombra, y ni siquiera sé qué reflejo. Porque un buen día decidí que la vida era rosa, o así quería yo verla, y me inventé unas gafas con las que se borraba la tristeza. Pero de poco sirven las gafas cuando el problema está en el alma y no en los ojos.
Tal vez todo se arreglara si alguien me diera una bofetada y me dijera que me deje de gilipolleces, que ya no es edad de creer en quimeras, y menos con el bagaje que ya arrastro. Que no quiero dolor pero, sí ha de doler, que sea ahora, que aún me quedan fuerzas para lamer heridas. Ahora que aún soy capaz de mirarme en un espejo y ver un atisbo de lo que una vez soñé ser.
Apenas eran las siete de la tarde cuando cerró la puerta tras de sí. Apoyada en ella no pudo evitar quedarse mirando como toda su casa se llenaba de lluvia...
Soy la maravillosa tutora de La Pandilla Basura, veinticinco joyas que me van a tener todo el curso muy entretenida. No hay por dónde cogerlos, empezando por el mayor colgao que ha pisado el instituto, siguiendo por la que escribe "así implevista" ("a simple vista", y está en bachillerato) y terminando por toda la colección de repetidores que no son pocos. Y eso que yo, toda convencida, dije que quería ser tutora de bachilerato porque daban menos guerra, que bastante tengo con la jefatura. Y ahora... me rio, por no llorar, pero me rio mucho.
Poco a poco hemos puesto a rodar el curso. Supongo que no trae demasiadas sorpresas. Sigo teniendo demasiadas reuniones y pocas clases, algún viaje, alguna conferencia... Lo de siempre.
Y pensar que dije que tenía ganas de empezar... Eso sí, estoy segura de que este año mis lindas flores me van a dar para escribir unas cuantas entradas.
Bienvenidos al curso 2009/10
P.D: creo que va tocando volver a hacer una visitilla al Museo de la Inquisición de Santillana del Mar...
Soy cambiante, inestable, casi desequilibrada... Incapaz de dejar de darle vueltas a la cabeza, pensadora compulsiva. Y, sin embargo, siempre he creido que es parte de mi encanto...